Lunes, ocho de la mañana, Ramón Anador y Tiburcio Gómez. estoy en la parada de
ómnibus y ni el 143 ni el 145 se divisan. Luego de unos 5 minutos de espera, me
decido a parar un taxi para acercarme hasta la Avda 8 de octubre y allí tomar un
ómnibus que me deje en mi lugar de trabajo. tenia que estar 8:30 hs en la curva de Maroñas, ya eran 8:10 y el tiempo no paraba.
Otra mujer esperaba las tan preciadas
lineas de transporte, por supuesto,también sin éxito.Se aproxima un taxi
libre y decidida a tomarlo, hago seña, en el lapso de esos 5 segundos que demoró en detenerse, la mujer
me pregunta hacia donde me dirijo, y se ofrece a compartir el taxi conmigo.
Acepto, subo al vehículo con esta vecina, hasta hoy desconocida, y
emprendemos viaje hacia la «curva de maroñas». Resulto ser colega, lo cual hizo
el viaje un poco mas cómodo.
Entre anécdotas y experiencias profesionales, comienza a sentirse
un ruido extraño. Es así que el obrero del transporte que nos llevaba pregunta: " ¿sienten algún ruido?", a lo que
contestamos:"no".
A todo esto quedaban unos 5 minutos para llegar a mi destino. De repente
el conductor repregunta: "¿no sienten ruido de piedras?"
"Puede ser", contesta mi compañera de viaje, sin saber que ese sería
el detonante del atravesado comienzo de mi lunes.
Inmediatamente el taxista nos invita a descender ya que algo no estaba
funcionando bien.
Con 10 minutos de ventaja para llegar en hora a mi trabajo, bajamos en la calle Veracierto, y en la puerta de CUTCSA, tengo que pensar como carajo salgo de
allí y llego a destino.
Una paradoja demasiado real para ser lunes, queriendo agilizar el
viaje, tomé un taxi que me abandona a mitad de camino y terminé tomando un
ómnibus en la puerta de CUTCSA, parece joda.
Lo único que anhelaba era ver un ómnibus que me lleve, ya a esta altura,
donde sea . Es así, que cual príncipe , viene a mi rescate un 111 a Pza. Independencia que me deja en 8 de octubre y Pirineos.
A todo esto, mi nueva vecina para el olvido, se subió al mismo colectivo y llegó tranquilamente a
su trabajo.
Yo, parada en 8 de octubre, esperaba que el destino tuviera algo mejor para
esta mañana y me enviara aunque sea un 300 a Instrucciones. Tenía que llegar a la escuela, 30 niñ@s esperaban mi llegada para llenarme de historias de fin de semana, ansiedades, gritos y llantos.
Mientras llegaba ese sublime momento, pensaba en la frialdad de aquel taxista que me abandonó en Malvín Norte por un ruidito en el coche, y en la fidelidad del transporte
colectivo de pasajeros , que por primera vez , utilice con emoción y orgullo: CUTCSA, mientras el sueldo de maestra no me permita aunque sea un usado, siempre
iremos contigo...
Entre anécdotas y experiencias profesionales, comienza a sentirse
un ruido extraño. Es así que el obrero del transporte que nos llevaba pregunta: " ¿sienten algún ruido?", a lo que
contestamos:"no".
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